En estos días, cuando narro la historia de la Segunda Guerra Mundial, siempre subrayo que mi mirada ha sido perturbada, transfigurada podría decir; y con esto, no me refiero al orden de los acontecimientos, o a las fechas en que se suscitaron las batallas, los triunfos y las derrotas; sino a los elementos judeo-marxistas que participaron tanto en el origen, desarrollo y fin de la guerra. De tal modo, existen dos historias: un antes y un después.